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El mal gusto como estrategia de Marketing: Reality show "La Isla" de Atresmedia. "The Island With Bear Grylls” versión española

La Isla Atresmedia reality show

Ya se ha abierto el plazo para apuntarse al nuevo reality show “La Isla” de Atresmedia, basado en “The Island With Bear Grylls”, el famoso programa británico en el que un supuesto exboina verde se dedicaba a perderse por peligrosos parajes, comer bichos asquerosos e intentar que bichos más grandes aún no se lo comieran, considerado como uno de los realities más duros de la tele.

Esta nueva versión, llamada “La isla”, es una vuelta de tuerca a lo ya visto: participantes anónimos serán dejados a la mano de Dios en zonas tropicales durante seis semanas para que vivan, mueran o hagan el ridículo, lo que más audiencia de. Lo curioso de este nuevo refrito es que serán los mismos concursantes los que deberán grabar sus hazañas, ya que supuestamente no tendrán ningún tipo de respaldo de la organización del programa.

Esto me recuerda a una frase que leí una vez y cuyo autor no recuerdo, y decía algo así: “El concurso definitivo será aquel en el que el participante se juegue la vida”.

“La isla” de Atresmedia, consecuencia lógica del marketing de contenidos originales:

La Isla Atresmedia reality show

Hay una anécdota apócrifa que dice que en siglo XIX un encargado de la Oficina de Patentes en los Estados Unidos envió su dimisión y recomendó que la Oficina de Patentes debía ser cerrada porque creía que "todo lo que podría ser inventado ya ha sido inventado “.

Y es que una de las crisis del arte durante el siglo XX tuvo que ver algo con el hecho de la dificultad de innovar.

Este siglo y los descubrimientos que ha conllevado han tirado por tierra esta tesis a todas luces aburrida y falsa, gracias a los dioses.

En el mundo del marketing 2.0 y la comunicación en general, es muy difícil encontrar contenido realmente original. Todos son refritos y copias de copias, lo que obliga a los profesionales del marketing de contenidos, cadenas de televisión y comunicadores en general a ir siempre más allá para divertir a una audiencia cada vez más saturada, más sobreinformada y con una capacidad de atención cada vez más reducida.

"La isla” de Atresmedia, selfies en movimiento:

El 16 de enero de 2011 Jennie Lee subió una foto a Instagram con un hashtag hasta entonces desconocido: #selfie. Desde entonces, cientos de millones de fotos se han subido a las redes sociales bajo esa denominación. Y va en aumento.

Un estudiante ruso de 17 años se cayó de un edificio de nueve pisos a las afueras de Moscú mientras colgaba de su azotea en busca del selfi perfecto., convirtiéndose su caso en el paradigma por excelencia de las tragedias 2.0.

No voy a hacer una recopilación de casos de personas muertas por intentar sacarse la autofoto definitiva en situaciones delirantes o de mucho riesgo, por acercarse demasiado a una manada de leones para conseguir una buena toma (verídico) o por informar de sucesos en lugares conflictivos. Hay miles de casos a un clic de Google.

Este humilde artículo sólo pretende lanzar una pregunta al aire: el derecho a entretener, a informar, al margen de lo interesante o gilipollesco que sea el hecho en cuestión según opiniones, cuando cuesta vidas ¿merece la pena? ¿Es la fama algo tan estimulante?

“La Isla” de Atresmedia, tú te lo guisas, tú se lo das de comer a tu audiencia aún a costa de tu vida:

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La Isla Atresmedia reality show

Este nuevo programa de “La Isla” es una plasmación de la cultura del selfie, posterior al boom de los vídeos caseros, precursora de plataformas de vídeo como Vine, Youtube o Vimeo (estas en menor medida) que tendría su versión light (salvando mucho las distncias) en los videotutoriales que pululan por internet y que te enseñan desde instalar Buffer en Windows hasta abrir un huevo.

En la versión británica y precursora de “La Isla” de Atresmedia, un concursante cayó desde una altura de nueve metros mientras escalaba una montaña, salvando de milagro el pellejo.

Lagarder, activista vagabundo, “La Isla” de Atresmedia versión urbana:

El ejemplo hispánico de esta manera de comunicar, no limitándose a ser un mero espectador sino el protagonista de tu propio reality, es Lagarder: «Activista sin techo en defensa de los derechos humanos, educador y aprendiz en la Universidad de la Calle». Así se define en twitter, y se dedica básicamente a reventar actos institucionales denunciando la situación de los sin techo en España mientras se graba a sí mismo, una versión del programa “21 Días” o “Callejeros” en plan low cost.

Perversiones de “La Isla” de Atresmedia. La yihad como entretenimiento visual:

El Estado Islámico, nada de autodenominado, sino la perversión del Islam llevada a sus últimas consecuencias, utiliza el formato vídeo para informar y aterrar en la misma medida. La muerte bestia como colofón del espectáculo, consecuencia directa de la sed de cosas nuevas por parte del gran público, la cara más oscura del entretenimiento y la comunicación generadora de experiencias.

Visto lo visto no hay límites para la depravación. Como decía Terry Pratchet: “no hay prácticamente ningún exceso de la mente psicopática más enloquecida que no pueda ser reproducido, sin necesidad de esforzarse demasiado, por un cabeza de familia normal que va todos los días a su trabajo”. Ni faltan productores de televisión capaces de convertirla en un formato para la caja tonta con ínfulas de estudio antropológico, añadiría yo.

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